Edward Hopper fue un pintor norteamericano reconocido por sus pinturas de paisajes y de personas. Como un antropólogo conociendo lugares nuevos y recorriendo una ciudad, fue uno de los más grandes pintores que marcó su malestar y desacuerdo con respecto a la vida en la sociedad y en las grandes ciudades. 

Perteneciente a la escuela de Amcham, caracterizó su arte un estilo realista y bien acabado. Con excelentes detalles sin caer en aspectos romanticistas o sobrecargados. La fuerza de su trabajo cobro fuerza posteriormente a la segunda guerra mundial, mostrándose fuerte en el realismo y en el arte moderno. Nació en el año 1882 y murió en 1967, en el Estado de New York.

 

“People in the sun” o “Gente al sol” es una obra que muestra a un grupo de personas recostadas sobre reposeras. Son cinco o seis personas. Vestidas de la época, pero con demasiada elegancia para el contexto que simula la escena. Primera incongruencia. La segunda incongruencia tiene que ver con el paisaje. Todo indica que estas personas están en una raposera, como si estuvieran en la playa, sentadas relajadamente, mirando al mar.  Pero no es así. El paisaje que observan es un paisaje desértico, árido y desolado. Mas bien parecido al típico Western norte americano. No hay intercambio alguno entre ellos, no hay gestualidad, no hay vida. Mas bien pudieran ser maquetas o maniquíes que nadie lo notaria. Ese es el tinte Hopper. Resaltar la artificialidad de la imagen, de las personas, su frialdad. La desconexión y la soledad.

Estas cinco personas estarían en la terraza de un hotel, pero aparentemente es una imagen recurrente que este artista observaba durante sus días de vacaciones en el Washington Square Park. Con su mujer pasó horas de observación y de esas imágenes sacó muchas conclusiones.

Desde lo pictórico se puede decir que esta obra, conservada hoy en el Smithsonian art Museum, realza la mezcla perfecta entre el realismo y lo moderno. El azul se repite en varias ocasiones, sobre todo en los atuendos, en el paisaje y en el cielo de fondo, con una clara connotación psicológica. Los trazos son más bien simplificados y el manejo que hace de las luces y sombras tiene un dejo cubista. El manejo de la perspectiva y de la profundidad es bastante sencilla y lineal también.

Edward Hopper deja en el espectador todo por completar, siendo sus obras fuente de proyecciones e interpretaciones. Cuando su obra se ve en conjunto, las asociaciones se hacen más fáciles, y la soledad y artificialidad en el mundo moderno se ven con claridad, así como lo hacen en esta magnífica obra.